TRIBULACIONES DE UNA MUJER: MARTHA Y SU HIJO: 1.MARTHA

                  
    
                    CAPITULO 1. MARTHA 


¿Cuáles son los colores de Marta? ¿Qué tragedias ha engendrado su locura? Se pasa la vida escondiéndose del mundo tras unos espejuelos malvas que demuestran su mal gusto y unas sonrisas absurdas que entristecen y nada ocultan. Pobre señora incomprendida. Frívola mortal. Desesperada metro sexual del sexo y denigrante humano del siglo que abre sus piernas a la caída de la especie humana.

 Ahí está oscura entre los recuerdos vagos de una vida feliz mientras se suicida cada día corriendo tras la fragancia de su inseparable maría. ¡Ay, Martha querida! Martha acuariana solitaria que jugaste a negar tus deseos por la chocha  de Celia y a los veinticinco la trajiste a dormir contigo porque tenías miedo estar sola y terminaste depositando tu dedo en su punto G, pero todo sin que nadie se enterase. Has acabado sola porque siempre lo deseaste. Lo anhelaste incluso cuando todos vivían y te colmaban de tratos. Estás así por angustiosa, por obsesiva, por mala madre, por degenerada. ¿Sé feliz? No, jódete… 
Firma: tu hijo.

Edgar la dejó hace unos…… 22 días.

- Edgar, se casó con una española que conoció cerca de la universidad y se fue. Ni lo sospeché. Además, tenía entendido, por esas corazonadas maternales, que Edgar era maricón. – decía Marta a cada amigo que preguntaba. De repente no comprendió nada. Se vio ignorada y escribió con la platería un huracán en el suelo.- Mi hijo, para el que viví, cociné, escribí y templé, se marchó con una cochina europea, seguramente de mala muerte, y ni siquiera pensó en lo mucho que su madre había hecho por él.- Trató de recordar, entonces, los momentos cálidos que pasaron juntos y se encontró con que ninguno emergía de su remembranza. Y gritó, corrió por toda la casa, olió cada ropa, cada juguete, cada cubierto. Lanzó su cabeza contra el escaparate, llevó los cuadros con su foto al corazón pero no tenía nada hermoso que recordar donde irradiara la sonrisa de Edgardo, como lo llamaba cuando se ponía difícil el chico.- ¿Qué hice en todo este tiempo? ¿Dónde estuve? No puedo volver a pisar las líneas dejadas; no puedo traerlo de vuelta y no conozco ni un desgraciado compañero de escuela que me pueda dar fe de su paradero.

Tenía que resignarse ahora como tantas veces. Asumir que no importaba a ningún obstinado mortal y seguir para adelante como cuando se fueron Rosario, Hernán, Fabricio y Cristóbal, seres de indiscutible valor para su vida pero que se han convertido en aire, en recuerdos, en sensaciones baratas.


Comentarios

Entradas populares