CUENTO CARLISLE




La flauta mágica interpretada por María Callas llena el ambiente de una ciudad caotizada un día de 1945. La Callas da muestras de sus posibilidades en el manejo de la coloratura, mientras las personas corren, golpean, se desesperan por estar a salvo.

Una mirada atemorizada en lo alto de un edificio casi devastado, ralentiza el desconcierto. Todo parece que va a cesar por la manera tan lenta en que estos ojos recrean la urbe. Entonces un grito desgarrador. Los ojos de ser buscan al angustiado mortal que se queja y la ciudad regresa a su ágil destrucción.

- Pruebo contigo o vas a confesar. Ha pasado mucho tiempo y créeme, tengo cosas más importantes que hacer.

Afuera la Segunda Guerra Mundial. Tiros. Alaridos. Mucha lluvia. Carlisle. Rubio, sucio, medio tuerto, amanerado y callado la mayor parte del tiempo. Tiene la camisa ajada, el pantalón roto, el cabello revuelto. Su cuerpo completamente lleno de zonas oscuras debido a los golpes. Carlisle está casi morado. Afuera soldados que mueren víctimas del desconocimiento. Afuera la vida en riesgo. Adentro ocho hombres con deseos de comer carne. Adentro Carlisle el loco, deseando sangrar afuera.

Un gabinete de otra época que se viene abajo con los siglos. Paredes putrefactas, decoradas por nombres escritos con sangre y por ojos suplicantes. Allí estuvo algún negro o judío o alguna prostituta poco inteligente. Se sabe porque el olor a miedo es reciente. Además la palabra por favor aún se mece cálida y resignada en el viento que golpea las paredes y revuelve las hojas de un viejo estante.

La visita de alguna rata anima la sala. Ocho cuerpos semidesnudos, sudorosos. Uno frío, desvencijado, nervioso y saturado de pocas esperanzas.

-No me digas que todavía estás confundido. Quieres más, ¿verdad? Pero a ustedes ¿quién los entiende?

El sentenciado eleva el rostro suplicante bañado en sangre. Las fuerzas parecen haberse desilusionado. Carlisle mira a los acechadores que por momentos rememoran a aquellos caníbales de Wrong Turn 1, 2, 3. Pobre chico, se dice así mismo. Pero si es fácil: solo tiene que confesar que llevaba la mercancía. No obstante, de hacerlo sabe que las calles se lo tragarán sin esperar el pito que anuncia la hora de la degustación. Y Carlisle piensa en su perro. Su mejor amigo, el único que lo había visto llorar.

-Habla. - Un golpe en la sien que lo lleva al suelo. - Habla que ya pierdo el sentido común.

Unas manos lo arrastran hacia una palangana llena de lodo, desperdicios de alimentos, excremento de personas y animales. Carlisle es obligado a comer. Aprieta sus labios con las pocas fuerzas que le quedan. No puede tragar. Se resiste y es peor. Luego de unos segundos en que degusta la mezcla pestilente, su cabeza es puesta en contacto con el exterior. Carlisle busca el aire espeso de aquella habitación ahogada por una humareda que lleva marihuana, cigarrillo y algo de crack. Sin importar la intoxicación, el torturado encuentra algo de aire para darle de comer a sus pulmones y proseguir con vida.

- ¡Maricón! Si no sabes trabajar por qué coño te comprometes. - Unas manos lo vuelven a introducir en el recipiente marrón y angosto. Otras le van despojando de su ropa. Un frasco de aceite baña a un bate que se prepara para saborear el culo de Carlisle. Él no se da por enterado. Ha perdido un poco la orientación. - Ahora aprenderás que con Valentino no se juega. El infierno es para mí el sitio más seguro.

Las piernas de la víctima no se resisten. Son abiertas de par en par como la Iglesia del Sagrado Corazón de Cristo y apenas son las tres de la madrugada.

Las imágenes en la cabeza de Carlisle se vuelven difusas. No entiende por qué sus nalgas son acariciadas. Carlisle está en otro universo y no sabe que le conviene más pertenecer a este.

El bate.
La saliva.
El viento no cesa. 
El cristal amplifica la lluvia que arrecia.
La luz que los faroles se apagan en la avenida principal.
Las ratas se esconden. 

La cabeza continúa abrazada por el estiércol. Carlisle necesita respirar por eso se retuerce levemente. Sus clases de inmersión no fueron muy buenas. Marlon, su profesor, se pasaba más tiempo mirando los pezones de las chicas y mamando las vergas de los chicos, que enseñándoles la técnica.

¿Por qué estaba allí? ¿Por qué no dijo que no, si sabía que jugar con Valentino era peor que orinar la estatua de Martí en Cuba?

Ahora comienza a hacer frío. Los tiros que arremeten contra la ciudad se aproximan. Carlisle puede sentirlos a través del fango. Frank Sinatra interpreta My Way en alguna emisora famosa mientras la Segunda Guerra Mundial progresa. Pero Hitler no aparece. Ya se ha escondido, escucha decir a través de las capas del lodo. El  extremo anterior del bate roza las nalgas cuyo ojo servirá de cena. Carlisle que no puede identificar aquello. El oxígeno se acaba. Otro roce. El sentido del tacto se le ha atrofiado.

- Vamos Roy. Has tu trabajo y déjate de tonterías. O se lo metes o se lo meto.

-Espera Valentino. Espera. _ Carlisle ha desarrollado el sentido auditivo. A través del fango alcanza a escuchar a Asdam y aprovecha la debilidad momentánea de la mano que lo somete para alcanzar el entorno de la habitación. Respira cuanto puede. Nadie lo ve. La contradicción que se establece entre ellos es más importante y además su movimiento ha sido casi imperceptible.
Los ojos enfilan una boca sensual, un cuerpo menudo, unos cabellos muy estirados y unas manos enguantadas. Asdam lo ha vist, razón por la cual busca ganar tiempo con su silencio para que Carlisle trague aire. El lodo en la nariz le impide inhalar.

- Hace mucho frío, Valentino.- Continúa Asdam.

-¿Qué quieres? ¿Cómo te atreves a interrumpirnos? ¿Cómo rayos te atreves a contradecirme? Ser mi hermano no te fa ningún derecho. –El jefe está iracundo. Llega hasta Asdam. Lo provoca. Los otros siguen la escena incluido Carlisle que le regala a su defensor una sonrisa enmarañada en desperdicios.

-Hace frío y la Guerra acaba con la gente.

-No creo en frío ni en guerras. Si Hitler la comenzó que la termine. Mi objetivo es este maricón que no supo jugar su papel. Perdí toda la merca de seis meses. Toda en manos de Maxi. ¿Sabes quién es Maximiliano Alcázar, no? Mi mayor enemigo, el asesino de mis gemelos. Y este párvulo se la dio toda, Asdam. ¿Te parece justo?

-No lo tomes en cuenta. A él 3 pastillas lo hicieron cambiar irremediablemente de opinión. Ya lo has dicho es solo un párvulo.

-Y merece que le den por imbécil y por drogadicto. Demasiada leche le queda todavía por beber de su puta madre para querer vivir como los adultos. Se lo buscó. La palabra NO existe.

-Palabra que NO aceptas por respuesta, ¿cierto? ¿Entonces? ¿Cuál iba ser el futuro?

-Es impredecible. Para brujo yo. _ Se miden. -Vamos Roy, a lo tuyo.

-No.- Asdam teme.

-¡Roy!

-Por favor, Valentino. Matándolo no resuelves tu pérdida.

- Por lo menos acallo las voces que me atormentan, Asdam. 

-Bueno o se ponen de acuerdo o me piro- dice otros de los devoradores de carne.

Un silencio lacerante llena la habitación. Roy se debate entre los ojos de Valentino y Carlisle.

-¿Quién es tu jefe, Roy? ¿Quién coño es tu jefe? Vamos.- Valentino se aleja. Carlisle vuelve sin ayuda, resignado al recipiente,no sin antes ver la duda en los ojos de su supuesto salvador. Carlisle regresa a su condena convertida en mierda, con el rostro bañado en lágrimas. Valentino es persuasivo y le sabe a los suyos más de la cuenta.

La mirada de Asdam. Lo imposible. El bate que saborea el recto de Carlisle que se mueve como si convulsionara. El cuerpo indefenso es sujetado por diez manos imponentes. Sale el bate y vuelve a entrar y los gritos de Carlisle vencen al lodo y golpean la ventana mientras Asdam es retenido, mientras sus lágrimas cercenan el rostro. Carlisle no tiene salida sin embargo apela a sus fuerzas para respirar. No lo logra. Una mano se ha aferrado a su cabeza y lo obliga a permanecer ahí: bajo el mierda. Su torso se desprende un poco de la cubeta y gana un trozo del aire. Un sorbo que mitiga el dolor por un instante fugaz como el parpadeo del recién nacido. Mas la mano lo lleva una y otra vez al lodo, y el bate saborea, bañado en aceite de cocina, lo más intrínseco del recto del inculpado que deja de poner resistencia de repente. Poco a poco triunfa la sumisión. Todo su cuerpo se llena de excreción cuando la boca por fin saborea y traga. Es obligado ingerir por largo rato. Luego lo sacan. Está roto. 

 Finalmente Carlisle es lanzado al suelo cuando ya la sangre emerge por todos los orificios. Carlisle tiene solo quince años.

La sangre se mezcla con el barro. Se crea una pasta negruzca, sobre la cual el chico descansa irreconocible. Y en un último reflejo de su cuerpo, un vómito atroz escapa de su boca. Un vómito fétido que baña el techo, las paredes y que salpica a sus torturadores. Carlisle ha muerto y las ratas se alimentan de su nauseabundo líquido.

-¡Carlisle! - Asdam se queda solo junto al cuerpo. Los devoradores de carne han salido. Se mezclan con la algarabía de la calle que es bañada por una lluvia brutal.

Afuera la Segunda Guerra Mundial continúa. Al parecer avanza hacia la libertad. Las personas corren. Los soldados continúan muriendo. Hitler no aparece. Un fuerte dolor de cabeza. Una explosión. Un bebé cae de los brazos de su madre. Es pisoteado. La furia es enorme. El médico regala morfina. La bolsa de valores colapsa. Afuera se especula con la primera foto de una pareja en incesto y sus gemelos.

Adentro ha muerto un niño. Adentro la vida se ha detenido. La lluvia que llega por la ventana queda en stand by. El viento huye. Las ratas huyen. El olor es fuerte. El asesinato demasiado horrendo. Adentro un hombre  acaricia unos ojos huecos y una lágrima fría mientras se viste de lodo ensangrentado. Adentro no hay luz. Adentro han sido cortados unos ojos que saben a sal. Un alma se culpa. Más adentro ha muerto el amor mientras Help es entonada por los Beatles. Adentro. A. Den. Tro. O.O.O…

Silencio ensordecedor. De a poco una niebla cubre la ciudad. Los ojos del sobre el edificio son carcomidos por la bruma mientras corre a dar auxilio a una existencia que ha sido cegada como lo serán sus ojos.

Caen los edificios sobre las personas, sobre las ratas. La neblina gana fuerza. Es señora.
Todo se pierde en la espesa blancura de la masa deforme.


Una cafetería en el centro de una ciudad en América del Sur, año 2012. Meseros de un lado a otro. En su interior termina una grabación de María Callas interpretando La Reina de la Noche.

- ¿Lo haces o no? El tiempo se agota Carlisle.
 
- El chico trata de entender una imagen de la guerra de 1945 trabajada en estilo impresionista. Se le pierden los contornos y las formas.

-¿Cómo puede haber en esta cafetería una imagen como esta? ¡Qué locura! - Se miran.- Tengo miedo.

-¿De qué?

-No sé. De todo. De la guerra. Siempre sueño con que Hitler no aparece porque me busca para violarme o cagarme la boca o para que le orine la polla y esas cochinadas que le gustaban. Veo a personas que me
obligan a confesar algo que no sé mientras mi cabeza es introducida en un cubo con mierda - Se observan con detenimiento a los ojos.- Y allí estás tú y tu hermano, que me defiende.

-Necesito el favor. Hazlo por mí. – Carlisle se pasa las manos por el rostro. Ya ha comenzado a sonar My Way cantada por Frank Sinatra. El chico busca la victrola. Se eriza. - Ten. - En la mesa una caja. Junto a ella una diminuta bolsita de nailon con tres pastillas dentro. No dicen nada. El adolescente tiene las manos bajo la mesa y mira lo que está servido. – Si no por mí, al menos hazlo por Asdam que te quiso tanto. A él si le hubieses hecho el favor, ¿verdad?

- Tu hermano... Mejor no mencionarlo si no está.

- ¿Lo haces?… - Carlisle. La mirada de hígado recién hecho. Gris en las mejillas. Frías las sienes.

La duda

- La palabra NO existe, Valentino.

Comentarios

Entradas populares