A MI NATAL SANTIAGO DE CUBA. MANERAS DE AMARTE.




ME GUSTAN LOS LUGARES COMUNES




A  mi natal Santiago de Cuba. Maneras de amarte.


I.

El Ángel de la Catedral de Santiago ha perdido sus alas. Intentando encontrarlas ha caído desnudo sobre el chapapote caliente.

 El Ángel de la Catedral desanda errante por entre la gente multicolor de una ciudad que le parece fría. Muy pocos le miran. Muy pocos le sienten el aroma a jazmín desvencijado, a martirio de Sofía en decisión medular, a ojos de Havey Milk con un tiro en la mano. 

El Ángel de la Catedral de Santiago busca desesperado robarle a un beso de azul : a un hombre cielo, a un hombre de mar, a un hombre sencillo. El Ángel no es puro y lo sabe: muchas lluvias han arremetido su cuerpo de muñeca perfecta, sus nalgas grises de mujer marchita, su pureza impostada, su caricia revuelta.

 Desanda el Ángel sin rumbo, sin ganas, entre la gente de pobre de una ciudad desierta aunque bulliciosa, de una ciudad violenta aunque jaranera. Desanda, anda, camina, toca, busca, desea, emociona, llora: hasta que apareces tú, bajando una calle con nombre de flores que anuncian la enredada mixtura de cabellos de negra.

Y entonces el Ángel de la Catedral de Santiago, caído, se acerca y te toca y le miras.... no hay nada pero el calor de sus manos te incita al contacto, al beso, al labio que regalas, a la mirada que no desprecias por nada. Y tocas la nada, y abrazas al viento, te sabes hombre, te sabes carne y el Ángel de la Catedral de Santiago te roba el beso que definitivamente le traerá las alas, le devolverá al podio, le convertirá en un sueño.

Y allí arriba, justo donde un huracán escribe cada noviembre un poema feroz hecho tormenta, el Ángel de la Catedral te saluda, mi cielo, con una lágrima en su mejilla izquierda, con una daga de magnolias en su mano derecha.


II.

Hoy me sobreviene y se queda quieta una dulce melancolía. Una felicidad extraña que no deseo dejar escapar. Y pienso en el amor. Ojalá acaricie mi puerta, la toque, ojalá y desee pasar y hacer el amor entre unas sábanas blancas y angelicales. Hoy presiento que el mundo se acabará cuando cada uno de nosotros hayamos cumplido con nuestro verdadero rol: y no antes. Hoy quiero desearte que tengas un buen recomienzo de vida y que abraces a buenos seres nocturnos, que te acuerdes que te espero justo bajo la sombra del framboyán de la esquina mientras la Biblia descansa a mi lado e IACOBUS me muestra los entresijos de los templarios. Hoy recuerdo los besos que mi madre no me dio y aquellos que puso en mis labios cada noche mientras me hacía el dormido. Hoy es lo que vale el hoy. Hoy seré tu mejor amigo si me dejas, hoy teñiré las aceras de blanco y le haré el amor a la paloma de mi conciencia para no sentirme solo. Hoy no habrán lágrimas porque ya se cansaron mis ropas de tanta humedad y mis piernas me dicen: Anda vé y conquista el mundo porque tú puedes Yasser, Jazz, Jason álvarez, Mimi , Tongo, Familia Cubana. Hoy se harán realidad mis sueños porque así lo quiere este destino que se pavonea entre mis dedos y porque la suerte camina acá lo que ocurre es que no la había visto.


III.

Amanece.
La ciudad huele a mal reguetón. La esperanza es azul en otoño. La mirada a niño que busca la teta porque no desea que la madre duerma. Esa nube parece una lluvia adormecida de un comic manga...
La lluvia está llorando...
Las lágrimas están llorando una leyenda milenaria que no pueden contar...
¿Estos hombres sin pudor?, ¿sin color?, ¿sin caminos?, ¿con amor; devoran el desayuno como si fuese el único alimento del día y no soy el más importante...?
Nadie sabe del hambre de nadie, Nadie sabe del dolor de nadie...
Todos intuímos, algunos damos, otros ni decimos 


VI.

Hoy te veo partir por la carretera. Me pesan los días en que tendré que imaginarte jugando al recuerdo para reencontrarme en cada uno de estos momentos veraniegos. Mañana seré otra vez el señor del silencio porque mi sonrisa se va contigo. Ayer fui yo tantas veces que me duele rememorarlas por la envidia. El pasado hace el amor con ellas mientras mi excitación se hace pedazos.
Me gustan los lugares comunes. Qué más puedo decir. Me encantan los lugares comunes.


V.

El Río San Juan de la muy noble y muy leal Villa de Santiago de Cuba se aviene caudal de fuego para serpentear unos cuerpos carcomidos por el frío. Él joven y casi muerto. Ella, niña a penas en su rostro pero con una adultez sinuosa peinando sus coyunturas de mujer derecha. Él, hermoso a los ojos de un ser deseante... Ella de caderas melancólicas y trasero abultado como de negra recién caída en el barracón , aunque la blancura de su piel es casi nácar, es mediodía ardiendo.

El Río San Juan se viste de gala probando los contornos de dos enamorados que desnudos y drogados hacen el amor a la vista del día que anda rumbo a las cinco de la tarde con color de lluvia. Es el Río que alguna vez fue limpio. Es el Río que una vez más se blanquea... Es el Río que se purifica.

Una mariposa revolotea en la nada. Ella la conduce a su pelo; la mariposa es azul. Él le propina un beso en su teta derecha. Se estremece la mujer con rostro de niña, calla la niña que vive ahí dentro en las costillas deshechas por la intensidad del sexo. Hay sonrisas que dicen tanto, hay gritos que seducen de tantas maneras, hay corazones que solo se dejan atrapar con un simple beso.
Ellos dos desnudos... Él ardiendo. Su miembro busca el cielo en la oscuridad profunda que ofrecen los muslos de ella. La mariposa que juega en el yerbasal que la foresta ha dejado en los mechones de ella. Y la lengua, y los oídos, y el dedo intranquilo, y la mano guiada, y la espalda sudada, y los ojos que pretenden dormir el sexo para que no escape el orgasmo, y la niña y el niño, y el hombre y la mujer, y las insuficiencias renales que dejan de importar cuando el movimiento intenso lo es todo para hablar, para decir; y la pausa necesaria para morder los labios, y el aliento de predecible olor a hembra, a macho, a angustia.....

Se conocieron solo dos horas atrás y se juraron no amar a ningún otro ser en el mundo. Se tomaron de la mano y juraron sería por primera y última vez. Caminaron al Río. Corrieron al Río como chicuelos con biberones que todavía esperan en la mesa de la abuela a que llegue la tibieza. Inexplicablemente se amaron. Sin otra justificación más que el sentido del primer deseo. Fueron a dejar en las aguas su virginal crepúsculo de reales seres humanos. Y cuando ya todo estuvo dicho entre sus cuerpos agotados, rebosantes y bellos... buscaron el beso. Poco a poco. Sin soltar sus labios. Sin cerrar los ojos. Fueron al fondo mientras el San Juan reía.

Las ropas escasas volaron con los vientos huracanados del mes de Noviembre. Cada gota de lluvia furiosa venida en un mounstruo desde las costas lejanas de África, golpeó la superficie del caudal como intentando abrir un hueco que llevase a la arena asentada.

 Mas no hubo caso. Allí ...besados... desnudos... sangrando... entre risas enlagrimadas yacían ÉL y Ella... Felices de la vida.

Aquella gaviota venida del hombro de aquel Ángel de la Catedral , al centro de la ciudad, cantó un llanto mudo y huyó. Las manos hambrientas de un desconocido trajeron a nosotros estos cuerpos que ahora miramos conectados por un beso, con el centro de él buscando la luna... con la mano de ella en su seno izquierdo.

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