FRANCES EL DÍA QUE ME ENAMORÉ DE UN GITANO . PARTE 2. Por Yasser Alberto Cortiña Martínez A.K.A Jazz Cortiña
CAPITULO 6
EL ORIGEN 4. La Noche Más Larga
Esa noche la casa de David se volvió en el primer nido de amor para Frances y para mi. Aquella mano que hurgó, fue saboreada, fue olida y fue en busca de la mía para llevarme lo más lejos posible.
No hubo despedidas. No hubo David, ni Joe. No hubo más que nosotros y el disco de Cheyenne Jackson en un auto que Frances conducía mientras paseaba su mano por entre mis cabellos . Yo me sentía cómodo pero todo iba demasiado rápido. Me había acostado con el dueño de la casa quién se suponía que era mi cita. Estaba en el sur de la ciudad y de repente viajaba a un lugar desconocido con un chico que alguna vez robó mi atención en un autobús. No me estoy quejando, me gusta el drama y si es a la antigua mejor sin embargo daba asustado.
Solo reíamos. Él me tocaba. Yo estaba confundido pero deseante.
- Tranquilo, rey, todo va a estar bien. Hoy va a ser un anoche especial. Confía en mí. No te haré daño. He llegado a tu vida para cuidarte.-Como un adolescente confíe en aquellas palabras y me acomodé en el asiento. Finalmente había recibido el bálsamo para descansar.
Salimos de la ciudad. Vi cómo atrás quedaban las calles, la luminosidad, la casa de los Jardines del Sur, Joe, todo. Frances se abrió paso por una carretera que de un lado tenía el mar y por el otro puro desierto.
-¿A dónde vamos?
-A un sitio donde estaremos tranquilos por un tiempo.
- Si no me sintiera cómodo a tu lado, pudiera jurar que me estás secuestrando.- Ahí detuvo el auto. Un susto sobrecogió mis extremidades.- ¿Qué?
- Ven.- Sus manos señalaron su pelvis. A horcajadas me senté sobre ellas.- Bésame. Muérdeme los labios. Toca mi cuello, por favor. Necesito sentirme vivo.
Hice lo que Frances me pidió. No sabría decir si era él quien hablaba o toda la droga que llevaba encima. Aquel instante fue muy importante para ambos. Fuimos vulnerables. Le acaricié como a un cachorro. Su cabeza fue a mi pecho. Rodeó mi cintura al tiempo que mis dedos paseaban por entre sus cabellos ensortijados. La noche. Éramos una pisca muy pequeña de luz en medio de aquella oscuridad indecible. Me miró. Su risa pícara sedujo mi boca que no dudó en tragar la saliva que regalaba su lengua. Y nuevamente sus dedos fueron a la parte baja de mi espalda, y esta vez me moví, y esta vez mi jadeo le provocó espasmos, y esta vez mi torso se volvió un arco descansando en el volante, y esta vez pasó uno de sus dedos mojados por mis tetillas. El calor en aquel auto laceraba nuestros bellos. Nos besamos y echamos a andar para llegar al lugar desconocido para estar con las carnes al aire.
Cinco minutos después estábamos atravesando el desierto. La claridad proyectada por los focos del auto, permitía ver el polvo. Frances no soltaba mi mano. Yo me preguntaba cómo había llegado a estar aquí después de haberle visto en un autobús. Aquella idea era recurrente sin embargo la respuesta daba igual. Estaba allí. El tiempo es el que es, ¿no?
Y a lo lejos comenzamos a ver la iluminación de lo que poco a poco se descubrió como un casa de dos pisos. Un oasis en medio de la nada. Ya me habían contado de estos sitios.
Antofagasta es una ciudad anclada en las orillas del mar con el desierto más árido del mundo a sus espaldas pero también poseía muchos espacios, en su mayoría creados por el propio hombre, y sobre todo hombres de dinero, con posibilidades para traer de manera subterránea agua desde lugares muy lejanos. Esta casa, muy sofisticada, perteneció a uno de esos hombres. ¿Cómo la había obtenido, Frances? La obtuvo su abuelo por medio del juego, y la dejó a su padre y servía de sitio secreto para el trapicheo de autos y drogas. Era todo lo que podía saber. Lo que sí era seguro, según sus palabras, era que aquí no nos encontraría nadie. Yo estaba flipando, como dicen los españoles. Un gitano, un amor gay, y mucho drama rodeando la historia. Qué más podría pedirle a la vida.
Una casa de dos pisos. Rodeada de árboles, una piscina, un garaje enorme con unos… no llegué a contar la cantidad de autos, a la verdad, pero eran muchos. Un muro grande circundaba la propiedad, y en su cúspide un cercado eléctrico. La entrada que dejamos atrás poseía una reja estilo colonial de apertura y cerrado automáticos. Yo solo reía.
Bajamos del auto. Frances fue en busca de mi mano. Un beso y esa delicadeza de siempre:
-¿Estás bien?
-Si. Lo estoy.
- Ok, vamos entonces.
Besó mi frente y andamos. Justo en el portal apareció un personaje, qué personaje, je je je. Lautaro, el primo.
-Bienvenido, cuñado. -Con los brazos abiertos me recibió un ser humano especial. Lautaro es de esas personas que conoces y para siempre se quedan labradas en tu conciencia. Dicharachero, sonriente, locuaz, hábil con las palabras. Un poco más alto que Frances pero muy parecidos. Pelo muy largo, a mitad de espalda. Juro que si Frances no me tuviera ya entre sus garras el primo no se resistiría a mi coquetería. Lautaro me dio un abrazo cálido. Olí el vodka, el perfume costoso, y sentí la suavidad de su camisa florida. Tomo mi rostro en su mano. Me vio un instante. Luego dijo. – Coño, eres más guapo de lo que me dijo el gitano este , ja ja ja. Te juro que te follaría con gusto si no fueras el novio de mi primo. Ay, perdón, me adelanté.
- ¿Novio?
- No le hagas caso. -Fue la respuesta de Frances.
- Para que vamos a andar con cosas, moreno. Yo estaba del otro lado del celular el día que se vieron en aquella micro. Y desde ese momento supe que te buscaría y te buscaría. ¿De verdad creíste que la casualidad te puso en casa del energúmeno de David? Si, Frances, es tonto, y weon, el David ese. Muy tu… ¿amigo?, o lo que quieras pero ese pensando en el dinero, es que no se entera de nada. En fin… Nunca nadie puso al testarudo este de cabeza. Hasta te dibujó. Sí. No hubo mujer ni hombre que desvelara a Frances Cancino, hasta que llegaste tú. Y que sepas que este no es bisexual. A este le gusta el pico, duro y grande como de seguro lo tienes vos. Pero ven y te cuento. Vamos.
- Lautaro, hoy no por favor.
Lautaro lo miró un instante. En sus ojos la mezcla de sustancias era evidente. Le mostraba encantador a pesar de todo. Me echó un brazo al hombro, sonrió y siguió:
- Vamos al bar cuñado. Este no me va a decir lo que puedo y no puedo hacer en nuestra propia casa, y para una vez que llega alguien que valga la pena no voy a perder la posibilidad de lucirme. Vamos- Y llegamos al bar. Frances respiró resignado, yo me senté en una de las banquetas, Lautaro hizo de barman.- Cómo me verás no estoy de humor para preparar tragos así que los mantendremos simple: chelas, que la conversación es mucho más interesante. Sigo, pues.- Tres cervezas fueron dispuestas, abiertas, y a beber. -Nosotros somos gitanos. Bueno eso ya lo sabes y supongo que fue de las cosas que más te calentó: je je je. Y está bien. Que el que tiene un plus tiene un plus. Pues los gitanos no podemos ser ni maricones, ni bisexuales, ni trisexuales ni nada queer. Así que un día este me sorprende viendo porno bisexual en la carpa donde vivíamos y bueno me jodí, pensé en ese momento. Yo estaba temblando, sabes, pero no podía ocultarme. ¿Y qué te parece? Se sienta el muy condenado, toma el celular, lo pone sobre una mesita y se saca la pichula, y a pajearse. Je je je. Yo me quedé en un tacón ja ja ja. Y pues terminamos pajeándonos los dos. Pero cada uno con su pico en la mano, ¡eh!, no vayas a pensar cochinadas, que muy maricones y bisexuales pero incestuosos, ni de broma. Aunque, a qué te puso duro la idea de dos primos, eh, eh, je je je. No pasa nada mi rey, somos animales cochinos, amantes del estiércol, y de lo prohibido, no te sientas mal. Y bueno, desde ese día nos hemos estado cubriendo las espaldas. Ayudándonos. Guardando secretos. Hasta el momento nadie sabe, o al menos eso creemos, y bueno si lo saben, muy callado que lo tienen. Como ves este es nuestro refugio. Aquí entra quien queremos. Nadie de la familia puede llegar sin avisar o es castigado porque bueno, somos traficantes de auto y de coca y de otras muchas cosas pero nada que tenga que ver con seres humanos, eh, que somos dignos. Y esa es la historia, cuñado Benicio Alberto. Es mejor que lo sepas todo antes de que te encames con este porque folla como los dioses. Lo sé de buena fuente. Siempre deja huella en lo que besa y vos no vas a ser la excepción. Aunque, aunque… me presumo que la marca va a ser mutua. De todas maneras ya estás advertido. Ahora sí quieres puedes elegir volver. O puedes elegir quedarte y amarlo. Ahí donde lo ves necesita que lo amén y dar a un hombre ese amor que está a punto de romperle el pecho. Frances es más bueno que el pan. ¿ Oíste? Más bueno que el pan aunque sea algo trillado. Lo único difícil es su carácter de mierda cuando se enoja porque se cierra, no habla, se lo come el enojo y después regresa hecho un manojo de huesos. Pero yo espero que tú lo cures de eso. Sí, y solo, si decides quedarte. – Unas luces afuera llaman la atención de todos- Bueno mis amores, - se acerca y nos besa ambos en la boca, un beso corto, de cariño,- me encantaría quedarme a seguir con la cháchara pero ahí llegaron mis juguetes habituales y un hombre queer debe darle al cuerpo lo que el cuerpo pida. Los quiero. Y se ven bellos juntos. Yo estoy borracho, drogado y feliz. Me voy a la piscina y cuando hayan despejado me vengo a romper un par de cosas mientras doy pico y dejo que me den. Besitos. Ah, los armarios está llenos de merca así que a volverse locos. Frances cuídalo que es de los buenos, se le ve en los ojos. Y cuando llegue el momento elige amarlo que yo te apoyaré.
Reí viendo a Lautaro ir al encuentro de dos chicas hermosas y un chico joven pero musculoso. Sus últimas palabras no me quedaron claras. ¿Elige amarlo que yo te apoyaré? Los brazos de Frances me hicieron olvidar la interrogante. Sus besos fueron todo. Sus ojos cerrados, el jadeo tranquilo, la cabeza en mi hombro lo eran todo. Descubrió la parte superior de su cuerpo. Quitó mi camiseta y abriendo mis piernas se colocó entre ellas fijando nuestros torsos, rodeando una vez más mi cintura. Los besos suaves, sin prisa. La caminata leve hasta el segundo piso con su mano en mi miembro erecto bajo el pantalón. La noche más larga de mi vida estaba por comenzar.
CAPITULO 7
EL ORIGEN 5. La Noche Más Larga continúa.
Y recuerdo que mi noche más larga terminó con Frances y conmigo tirados sobre un edredón viendo la noche en el desierto de Atacama. El segundo piso resultó ser una casa más, con su cocina, sus baños y dos dormitorios. ¡Qué bien se la han montado estos gitanos! Fue lo que pensé. Podría contarles a detalle lo que me hizo Frances o lo que yo le hice pero sería redundar en la descripción de un universo donde todo es posible. Solo diré que eran las seis de la mañana y estábamos desnudos y tomando vino. La sábana que nos cubría era un poco fina, bueno una sábana, y de la nada, él comienza a pasear su barba un poco escasa por mi cuello y mi soldadito de entre las urnas dijo: mi comandante aquí estoy.
-¿Y eso?- Dijo mi compañero paseando entonces su lengua por mi pecho y jadeando como ya había descubierto que me gustaba.- Pero ese soldadito no descansa, ¿no? Muy comprometido con la causa.
- Ha encontrado para quien luchar mi soldadito.- Y de a poco fui descubriendo mi cuerpo bajo las sábanas y mi miembro quedó expuesto en todo su esplendor. Endurecido, febril.- Hacía tiempo que no me excitaba tan rápido y con tanta necesidad por alguien. Es como si mi cuerpo buscase tus venas para beber de ellas.- Yo estaba recostado en el pecho de Frances . Ambos mirábamos mis partes. Yo sentía como su soldadito, je je je: me gustaba el juego de llamarles de esa manera, despertaba en el nacimiento de la parte baja de mi espalda.- Me gusta la combinación de nuestros colores. Vos blanco y yo negro. Eso me provoca cosas impensables. Y es que con vos me pasa algo extraño. Y es que llego a una zona de comodidad impresionante dónde puedo ser un cerdo y un caballero al mismo tiempo. Uff.
-Quiero a ese cerdo dentro de mi. Luego, al acabar, cuando me llene señor, y me veas llorando de placer, te conviertas en todo un caballero.
- ¿Seguro? Vos sos más activo. O bueno al menos eso creí.
- ¿Recuerdas cuando el Lautaro te dijo que a mí me gustaba un poco duro y grande como el que de seguro tenías?¿A qué creíste que se refería, bebé? Acomódate.
Me senté . Frances se puso en cuatro, me pasó una copa de vino. Abrió sus piernas mientras llevaba a su boca mi miembro y me miraba con cierta cara de súplica y placer. Y yo me iba a la luna, bebía, le miraba las nalgas abiertas y me volvía loco. Así estuvimos un rato. Recuerdo que mientras tragaba o saboreaba se movía Frances, arqueaba su espalda: todo un espectáculo. Después vino a mis labios andando en cuatro muy suavemente sin quitar su mirada perversa de mis ojos. Se sentó en mi pelvis y me besó mucho.
-Follar es un acto salvaje, cochino, animal más sin embargo con vos es imposible escapar de la pasión.
- Pues démosle no más y haz conmigo lo que quieras. Aunque tu soldadito es un soldadote. Pero no importa, quiero gozarlo.- Y entonces lo agarre por la cintura con un solo brazo, lo acosté spbre su espalda y fui directamente a succionar sus nalgas.- Cuidado. Me vengo muy rápido si lo haces. Soy muy sensible...
- Pues habrá que hacértelo mucho para acabes varias veces.
Y así fue. Todo. Lo de que era sensible. Lo de acabar varias veces. Lo de hacérselo mucho. Bebimos. Nos drogamos. Gemimos. Gritamos. Frances perdió la única virginidad que le quedaba, con mi soldadito y conmigo. Hacía mucho que no masheaba con alguien en la intimidad. Aquello de ser sapiosexual me había trastocado mucho el vínculo en el sexo. Sin embargo, con esa hermosura de hombre, todo se había ido a tomar por culo, literalmente. ¡Qué chimba, de sexo, gonorrea!(Diría un colombiano, je je je). En fin. Acabar con el éxtasis de querer seguir, y saber que vas a continuar es maravilloso. La masculinidad de Frances puesta a mi servicio, es de los momentos más calientes que he tenido. ¡Fóllame, fóllame, weón, rómpeme el hoyo! Me decía constantemente. Y es que hoy lo recuerdo y me pongo como una puta moto.
Cuando ya eran las ocho de la mañana y descansábamos luego de nuestra tercera vez, comenzó de a poco a nublarse y a caer una llovizna fina, razón por la cual nos fui a la sala, dejamos las cosas para seguidamente acurrucarnos en la cama y besarnos.
-Sorry por interrumpir la luna de miel, pero Frances, hay que hablar.-Lautaro aparecía desnudo con una bata de dormir llena de estrellas, bebiendo un aperol y con un tabaco fino en la otra mano. Parecía el cliché de un capo de la mafia o del Jefe de un cartel. Yo sonreí mientras le hacía un pulgar para arriba.
-Muchas gracias cuñado.- Alardeó por su oufit-. Ya te puedo decir cuñado, ¿cierto?
-Déjale en paz, Lau. Se va a asustar.
-No me jodas, gitano. Si no te asustaste vos, al comerte ese medio pico, no creo que el Beni se espante.
-Vamos.- Dijo Frances vistiéndose con un jockstrap azul.- Mi vida, ahora regreso. – Dejó un beso en mi frente y echó a andar hasta la puerta de la habitación.- ¿Te vienes o no Lautaro?
- No, venirme con vos o mejor con ustedes, solo sí es con una peli como cuando me descubriste en la carpa. Ja ja ja. – Gira. Da unos pasos. Se devuelve. – He cambiado de opinión. Siéntate Frances. Cumpliré con mi palabra. Seré transparente con Benicio. Puede que te enojes pero al final somos familia y me lo vas a agradecer.
-¿Qué? No entiendo.
- Siéntate te he dicho, weón.
- Por mí no se preocupen.- Expresé sin sospechar lo que se venía junto con la lluvia que comenzaba a ser intensa.- Ustedes pueden atender sus cosas tranquilamente que yo espero.
Frances se sentó de inmediato siguiendo un movimiento de cabeza que le hizo Lautaro, quien me miraba fijamente, y muy serio. Este último teniendo la misma edad parecía el hermano mayor. Mi amante, que conocía bien a su primo observó sus ojos y mi expresión confusa.
-Lau. No te conviertas en una ONG andante. No eres un héroe. Lo que tengamos que conversar será mejor entre nosotros. Por favor no me eches a perder esto.- Pude palpar los nervios de mi “casi algo”, razón por la cuál me comencé a descolocar. Cubrí mi cuerpo con la sábana y quedé expectante.- Lautaro hablemos afuera.
-Bueno, Benicio.- Comenzó su monólogo. Obviamente a su primo le valía tres hectáreas de desierto sin minerales cualquier petición en ese momento.- Como te habrás dado cuenta, ya Frances, sospecha de qué voy a hablar. Y si bien esto me puede costar el que me cancele, prefiero mantener mi palabra o mi actitud de ser directo con vos porque me has caído bien y creo que eres de los que prefiere que le den la posibilidad de elegir. Elegir. Que es la palabra más bella del mundo. Cuando elijes, sabes que son tuyas las consecuencias y las enfrentas agradecido. Dicho, lo dicho, puedo seguir tranquilo. Frances, hermano mío: ha llegado tu prometida. Cassandra está en la ciudad y nuestras familias preparan el encuentro para el cortejo y bueno la boda.- Vi desmoronarse a Frances. Vi cómo tomaba una almohada cercana y la ponía en sus partes. Vi que su mirada hacia mí era de confusión absoluta. Vi cómo las lágrimas comenzaron a llenar cada claro-oscuro de su rostro y vi como su mano buscó mi mano.- Beni, querido, nosotros somos gitanos y desde que las madres saben que venimos en camino nuestras vidas son planificadas. Esta chica, que no tiene culpa de nada, se la prometieron a Frances y si bien el tema se ha demorado sabíamos que iba a llegar. No teníamos idea de cuándo, pero bueno ya está aquí.
-Lo siento mucho, Alberto. Lo siento mucho. Este tema ha sido un ir y venir en mi vida. Yo me he negado. He reafirmado mi posición de no casarme o andar con alguien a quien verdaderamente ame pero esta es la vida que me tocó. Soy gitano. Tengo la esperanza de que pase algo y esta relación no se llegue a dar pero es una ilusión poco factible. Perdóname mi amor. Debí decirte. Sin embargo todo ha sido muy rápido.- Sus manos ya acurrucaban las mías. El pobre trataba de explicarme algo que yo entendía. Mi sonrisa leve se anunció. Mi mano derecha mimó su cara. Secó las lágrimas. Mis labios pusieron un verbo extenso en los suyos.- Necesito que me creas corazón. Igual todavía podemos huir. Podemos irnos a Argentina o a Bolivia. A Estados Unidos allí los caribeños tienen posibilidades, dicen.
Yo tan solo le miraba esforzarse al tiempo que mi cabeza preparaba lo que tenía para decir. Elegir. Miré a Lautaro.
-Deja de hablar mierda, Frances. ¡Qué huir ni huir! ¿Qué tienes, quince años? No jodas. Deja que el chico elija. Deja que su boca diga.- Lautaro me medía con mucha cautela.- Tú sabes bien, moreno, que lo que elijas puede cambiarlo todo y ayudar muchísimo. Disculpa que ponga tanta responsabilidad en tus hombro pero es así. Empieza.
- Lautaro. Para. No puedes meterte en la cabeza de las personas.
- Frances, mi ángel…. ¿Será que te puedes callar un momento weón? Benicio es el protagonista de esta historia. Espera.
Y cubriendo mi cuerpo con una toalla morada y muy grande que estaba en el suelo fui a la ventana. Descubrí la lluvia. Me sentía Electra, ja ja ja. Y desde allí comencé.
-¡Elegir! Si digo que me sorprende una situación de este tipo, sería faltarle a la verdad. No sé qué decir. En realidad no nos conocemos. Sí, Frances. Nos gustamos. Pasa algo raro y especial entre nosotros. Pero, ¿quién eres?, ¿quién soy? ¿Acaso sabes qué día nací o por qué me vine a Chile, o sabes acaso que amo cocinar y no creo en la palabra amor si no en lo que siento porque odio responder a estigmas? ¿Acaso sabes que odio el que elijan por mí y que creo que la libertad es una construcción, que no es la palabra más linda del mundo como nos han dicho porque depende de lo que te han contado? Lautaro tiene razón: elegir es la palabra más bella del mundo. Parece que hemos leído los mismo libros, o nos protegen los mismos espíritus. Frances cariño, no ha habido posibilidades para que me digas nada. De hecho no me debes nada. Las promesas no han mediado esto que hay entre nosotros por tanto: no me has engañado. Sería un tonto si te digo que no me molesta lo que está ocurriendo y lo que se viene porque uno siempre construye un futuro cuando aparece alguien que te gusta mucho pero cualquier cosa que haya podido imaginar es aún muy inestable así que se puede deshacer.
-¿Y si yo no quiero que lo deshagas?
-Eso no lo determinas tú, mi amor. Pero comprendo el lugar desde el que hablas.
-Entonces, guapo. ¿Qué sigue?- Lautaro expresó despues de respirar.
-Para bajar la tensión y ser realista diré que te quiero seguir conociendo. Que nada está escrito. Que sus reglas apestan pero son sus reglas. Que estaré aquí contigo mientras se pueda. Que no tengo que elegir porque es todo muy nuevo. Y que esa tal Cassandra, ya puede afirmarse los ovarios porque no te dejaré escapar tan fácilmente.
-Aplausos, moreno. Así se habla. Ven y deja que te bese.
-¿Estás seguro, Beni?- Ya Frances, estaba junto a mi. Sus manos encajaban a mi rostro.
-Claro que estoy seguro. Soy hombre de una sola palabra. Ahora bien, por favor: no me prometas nada. Y sobre todo no elijas por mi.
-¡Qué bien me cae este chico! Aprende Frances, aprende. Yo sabía, desde que entraste por esa puerta que eras de otro universo. Bueno ahora me voy y los dejo para que equilibren un poco. Benicio, hoy es sábado recién: ¿tienes algo que hacer por el resto del fin de semana e inicios de la otra semana?
-No, a la verdad. Es verano, o sea, estoy de vacaciones.
- Muy bien ¿Hagamos una fiesta tranquila?
- ¿Y qué pasa con el encuentro de esta tarde, la chica esta y las familias?
-Frances, mi querido, estás hablando con el dueño del circo, no con uno de sus payasos. Déjenme hacer unas llamadas. Los quiero.
Quedamos solos. Frances estaba todavía nervioso. Yo a la verdad me sentía incómodo. No sabía qué pensar de todo aquello. También un poco de temor me daba vueltas. Se cuentan miles de historias acerca de los gitanos y el universo en el que estaba parado no era muy transparente que digamos. No obstante por alguna razón quería seguir. Sigo sin entender seis años después que me llevó a elegir quedarme. Ya no importa. En aquel instante tampoco me interesó yo sentía que estaba haciendo lo correcto.
Parado nuevamente en la ventana sin saber qué había pasado en cosa de minutos, mi amante estaba como un cachorro apaleado al borde de la cama. Le daba vergüenza acercarse hasta que le sonreí y abriendo los brazos le dije: Ven. Y el pobre corrió. Ahora estaba delante de mí. Mirábamos la lluvia juntos.
-¿Qué quieres hacer ahora?
-¿Justo en este momento?
-Sí, Beni. Ahora mismo.
-Quiero dormir. Dormir contigo.
-Hagamos cucharita entonces, ven.
Frances me condujo a la cama. La cobija blanca y calurosa nos llevó por pasillos de tranquilidad. Antes de dejarnos abrazar completamente por el sueño, mi compañero, de alguna manera ya comenzaba a sentirlo así, llamó a su primo y le dijo que no le molestara por nada. Apretó luego un botón junto al velador y las cortinas mecánicas comenzaron a bajar para que la noche más larga de mi vida, fluyera hasta una segunda parte.
CAPITULO 8.
FRANCES VUELVE A MI VIDA 3 y 4.
De regreso al psiquiátrico noto que después de tanto recordar me siento exhausto. Sentado junto al ventanal en la última mesa al final del salón donde nos reunimos los pacientes a charlar o a recibir terapia y me percató de que no puedo perder la oportunidad que estaba esperando para acercarme a Frances. Lennon era la llave. Así que hecho a correr.
En el receso que nos dan para el almuerzo volví nuevamente a la ventana enrejada del baño que da al otro patio. Por alguna extraña razón, mal de la cabeza que estoy, me movía con cautela, como en las películas, pegado a la pared, no quería obviamente que nadie me viese. Esperé unos minutos a que los chicos del sector 5 salieran. Me sudaban las manos. Tamborileaba mis muslos con los dedos. En un momento Johan entra a buscar agua. Casi salto del susto. Disimulo. Se va y justo en ese instante abrieron las puertas del sector 5.( Y bueno Johan es un compañero que a su vez es otro personaje del libro que estoy escribiendo a la par de este. Del que les hablé hace un tiempo. Bueno sigo que me enredo).
Reconocí a Frances por su manera chula de caminar, su camiseta blanca de mangas cortadas de forma rápida y descuidada y por los tatuajes. Se me fue la mano observando. Como siempre no pude evitar el ser incisivo.
Frances se quedó quieto un segundo. Luego giró. Su mirada posada en mi dirección. Me había visto. Como un niño me agaché. ¿Para qué me escondía si el motivo era que nos viéramos?(No me soporto cuando hago estas cosas estúpidas.
En mi escondite esperé unos minutos. Luego de a poco fui colando mi cara en la ventana enrejada. Ya el gitano jugaba fútbol. Lennon aún no salía al patio y me preocupé. Con lo violento que es ...Todavía teníamos fresco el episodio que lo llevó al exilio de nuestro sector. Entonces mientras me entretuve viendo en la distancia a mi ex, apareció Lennon, pero no lo ubiqué hasta que me gritó : Benicio, mi rey!. Frances paró el balón. Miró otra vez en mi dirección. Supongo que por las rejillas se define poco así que quedó intrigado. Yo estaba a la expectativa. Quería ver su próximo movimiento. Nada pasó. Continuó su juego. Yo me relajé.
Lennon y yo comenzamos a charlar animados. Me regaló un cigarro. Contó que se había demorado por los sueros que le ponían a veces. Y ahí seguimos conversando sobre Ítalo y la convivencia con Alejandro, y de cómo se sentía. Que quería volver, que aquel sector no era tan unido como el nuestro. Disimuladamente vi una mirada del gitano. Los nervios se me pusieron a cien. También dijo Lennon que no lo dejarían volver con nosotros. En fin que me fumé mi cigarro ahí mismo en el baño, apurado y
abanicando el humo , mientras Lennon conversaba con su novia que estaba internada arriba. Me reía porque la algarabía de los jugadores no dejaba que se entendieran y confundían las palabras. Terminé mi pucho. Lo fui a apagar con el agua del lavamanos. Volví para despedirme de Lennon, cuando escuché desde mi costado derecho: ¿Cómo estás Benicio?¿O Beni, mi rey?¿Te acuerdas de mi?
...
Sentí que mis ojos salían de su órbita cuando el gitano profirió aquellas preguntas. Literalmente me estaba cagando. Dejé la ventana. Me eché agua en la cara. Asumo que en esa parte de la escena mis dos interlocutores se miraron sin comprender, cada uno por razones diferentes.
Volví con susto. Frances había significado mucho en mi vida. Llegué a creer que jamás sería amado de la manera en la que él lo hizo, contra toda su tradición, amigos.
Ya en la ventana me salió la mujer dolida , la abandonada. Comprendí que no tenía por qué dar respuestas. Sin embargo el amor que sentí por el gitano que no fue cualquier persona y la incomodidad de mi compañero me hicieron verbalizar casi sin pensar:
-Hola, Frances. ¿Cómo estás?¿Cuánto tiempo?
-Yo bien. Preguntándome qué haces aquí.
-Yo me he estado preguntando lo mismo, a la verdad.
-A ver, porque ando perdido.- Intervino Lennon- ¿De dónde se conocen ustedes?
Ninguno dijo palabra. Solo nos mirábamos mucho. Nuestros rostros hicieron millones de muecas. Sentí que íbamos de la mano por los mismos recuerdos. Y en algún momento llegamos a los buenos, a los chistosos, pues comenzamos a reír. Al rato la malicia marcó una estela.
-¿Qué onda gitano?- Dijo Lennon con esa cara medio estúpida que dibujan los que se encuentran fuera de las conversaciones.- Benicio me cuentas tú, ¿o tengo que imaginármelo?
-Creo que mejor te lo imaginas.
Frances y yo no dejábamos de mirarnos. Coqueteábamos de la forma en que lo hacíamos con el miedo del presente. Hacía mucho que no sabíamos de nuestros nuevos gustos. Alguna vez miramos al piso, sin embargo la necesidad de querernos nos devolvía a los ojos. Yo sentí ganas de llorar. A él se le humedecieron los ojos. Hasta hizo aquel gesto que me encantaba: se subió la parte baja de la camiseta y acarició los pelitos que yacen bajo el ombligo.
-Yo también creo lo mismo, amigo. Es mejor que te lo imagines todo. Perdona, Lennon. En algún momento te contaré, ahora no puedo.- Dije todo excitado, con la garganta seca, la frente sudada.
Lennon hizo un gesto de aceptación. Nos dejó solos. Se fue a hablar con su novia del segundo piso. Y el gitano y yo reíamos del hecho de que no se entendían por el ruido. Mojábamos nuestros labios. Sacábamos la lengua como al descuido. Frances llevó su mano al interior del pantalón con mucha delicadeza, ahí sin que le importara nada ni nadie, como siempre y pensé: “Aún sabe lo que me gusta y cómo me gusta”. Yo estaba mojado, mojadísimo.
CAPITULO 9
FRANCES VUELVE A MI VIDA 5 y 6
Y mojado me quedé pues. Tampoco es que se pudiera hacer mucho con una ventana enrejada de por medio. Además perdimos mucho tiempo mirándonos, tocándonos y recordando. O bueno a lo mejor ganamos ese tiempo porque en verdad el coqueteo fue rico.
Al otro día por la noche, cuando fui a bañarme, supe por Lennon, que a la misma hora del día anterior, el gitanito estuvo esperando junto al espacio enrejado, y al siguiente también. No sé qué pasó pero decidí alejarme. Creo que fue intenso el rememorar tantas cosas de un ciudad que me dio mucho y me quitó demasiado. No solo cosas relacionadas con Frances fueron difíciles en Antofagasta pero en ese momento su presencia me lo recordó todo. Por otro lado hacía lo posible por no meterme en una historia que ya me había hecho daño y menos encerrados en un psiquiátrico donde con suerte nos podríamos mirar o rozarnos. Asumí la frustración antes de padecerla.
Tercer día. Ya había purgado toda mi comedera de basura y la ansiedad mezclada con el recuerdo me prendieron el culo así que me moví de mi cama. Espié con cuidado: como siempre adherido a la pared. Solo vi cuando Frances se iba. Cada vez que volteaba para mirar yo me escondía. Soy bastante niño aún creo, pensé. Él continuaba siendo hermoso. Me calentaba como la primera vez. Moría de ganas por besarlo.
A la hora del té, sobre las cuatro, porque todo lo anterior pasó a la hora de almuerzo, Lennon me preguntó insistentemente por el gitano. Me contuve cuanto pude mas terminé soltando la papa, como un sandwichito ‘e palta, pero todo con la promesa de que quedara entre nosotros. Se imaginan su cara. Frances tenía fama de rudo, de pocos amigos. No decía mucho y hasta se había peleado un par de veces en su afán de ser justiciero. Lennon me contó que hablaba mucho de sus tres hijos, pero nunca sobre su mujer o para los efectos de la madre de sus criaturas. También me contó que el gitano prometió no contarle nada y le dijo: “si quieres saber, ve y pregúntale al negrito sabrosón”. ¡Negrito sabrosón! Así me decía de cariño. Por último me había mandado un mensaje en un papel. Miré a Lennon con incredulidad, aunque me juró que no lo había leído. Nos despedimos. Corrí a mi cama y como quien tiene dulces y los come en secreto para no compartirlos, abrí el trozo de papel mal cortado.
“Estaré dos días más a la hora del almuerzo. Si no llegas te iré a buscar. Sabes que puedo. ¡Ah!, y no me importa si hay alguien en tu vida. Tengo sangre de guerrero y me gusta pelear. Sé el lugar que ocupo.”
“¡Qué cabrón!” Dije mientras sonreía. Yo estaba soltero. Nadie me esperaba. Reí como adolescente pensando en la rudeza y la determinación de sus palabras. Me fui a
bañar con la seguridad de que no iría ninguno de los días. Necesitaba verlo sacrificar por mí su estado físico y mental. Así que secando mi cabeza dije: “Winter is coming, bitch. Let the Hunger Games begin.”
Como era de esperar o como dije, no me aparecí por la ventana durante dos días o al menos no para verlo a él. Calculaba el tiempo para saludar a Lennon y me iba.
Pasaron dos días con sus dos noches en que no asistí al encuentro de Frances. Supe por Lennon que estuvo buscándome las dos jornadas, y que la última noche estaba furioso. Lennon no se calla nada. Esa mencionada segunda noche yo estaba compungido. Dolores de migraña insoportables que me hacían gritar se mezclaron con mi depresión y quedó la caga. Quise partirme los dedos, gritaba el nombre de mi madre, el de Frances, el de mis hermanos. Hasta que me pusieron forces, me sedaron y dormí toda la noche y parte de la mañana.
Recuerdo que eran cerca de las once del otro día cuando desperté. Ya no tenía los forces. La enfermera me llamaba suavemente con mi desayuno en mano. Estaban Ítalo y Rodrigo de la parte izquierda de la cama y de la parte derecha junto a la enfermera comencé a divisar un rostro redondo, amorenado, unos cabellos sueltos y enroscados. Unos labios un tanto morados que sentía que alguna vez había besado.
-Hola. ¿Cómo estás?- Fueron sus palabras. Tenía los brazos cruzados como me gustaban. Posición de macho alfa que en la intimidada me gustaba cuando se desdoblaba dejándome besarle el cuello.
-¿Qué haces aquí?- Le respondí a medida que salía de mi entresueño. Me incorporé.- ¿Qué haces aquí, Frances?
-Frances es el nuevo paciente que estará en el segundo cubículo. Ahora toma el desayuno.- Dijo la mujer.
Vi en mis manos el pan con mermelada y la taza de té. La enfermera los echó a todos de mi lado porque vendría un paramédico a controlar mis signos vitales. Yo no dejaba de mirarlo ni él a mí. Los otros dos compañeros me desearon buena recuperación antes de salir. Frances me guiñó el ojo. Por dentro estaba muy feliz. Sentía cierta paz. Me encantaba la idea de tenerlo cerca aunque mi rostro mostrara determinada seriedad.
Cuando quedé solo, volvió a mi lado, sacó el desayuno de entre los dos, lo puso en el velador y poniendo mi rostro entre sus manos, me dio un beso suave, pequeño, casi un roce. Ambos cerramos los ojos. El pasado se devolvió como un volcán.
-¿Qué pasa aquí?- Dijo tocando mi entrepiernas con su típica sonrisa maliciosa. Siempre he amado de Frances que es irreverente y se lanza.- Hola soldadito, amigo. Soy yo de nuevo.
-¿Qué haces aquí, Frances?¿Cómo llegaste a este sector? Tú estabas en el 5, ¿cierto?¿Qué inventaste?¿Dónde estuviste todos estos años?
-Descansa ahora. Al parecer diste tremenda noche. No quiero pensar que yo haya sido el culpable. Así que ahora te dejaré reposar. Después te cuento todo. Tendremos mucho tiempo. Descansa mi negrito.- Me besó la frente y se fue.
Devoré el desayuno feliz. Sentía que algo bueno acababa de pasar.
CAPITULO 10.
EL ORIGEN 6. La Noche Más Larga: Fin.
Aquel suceso de la tal Cassandra llegando a nuestras vidas fue un punto ciego en la relación que comenzaba a nacer entre Frances y yo. Despertamos de aquella siesta para adentrarnos en un jolgorio muy cargado, y si bien yo no tenía motivos para apegarme a la idea de una mujer gitana metiéndose en medio de un romance que no se enraizaba, me incomodaba ver a Frances tan despreocupado.
Joe apareció junto al Dany. Los juguetes habituales de Lautaro, estaban muy cómodos y charlaban conmigo, parecíamos familia. Yo salía y entraba en un estado de introspección hasta que recibí un mensaje de mi madre en el que me decía que me amaba y que me extrañaba. Las simples letras de mi progenitora me hicieron comprender que valía un poco más y que me estaba adentrando en pasadizos que no me correspondían.
Salí al jardín. Fumé un cigarro. Respiré. Me estiré. Y sentí que un peso de encima caía por fin de mis antebrazos. Cuando apagaba el tercer cigarro, Andy, el "algo” de Lautaro, sale al encuentro de un chico mulato que llegaba en una moto. Nos miramos. “Edwin, parcero, mucho gusto”. Me dijo cuando fuimos presentados. Le miré el culo y el susurro de Lautaro vino a mi oído.
-Despecho, no, cuñado.
-No es despecho es libertad.
-Entonces, sí.
El resto de la junta, ya eran cerca de las doce o quizás, pasadas, tomé distancia del chico nuevo, Edwin, colombiano, después supe. Mi pesadez de antes había partido hacía mucho. Frances y yo estábamos acaramelados. De lo que no me había percatado era de que ya había notado mi curiosidad.
-Ven.
-¿A dónde?
-Subamos a casa un momento.- Y fuimos al segundo piso. Dispuso unas rayas. Me besó. Abrió una botella de pisco Santa Josefa y comenzó a hablar:- Es extraño como se han dado las cosas. Y puede que hasta parezca estúpido el sentir que somos más que dos hombres que se están follando, pero la vida es así y va rápido. Yo voy a luchar por lo nuestro, pero no quiero que… ¿ me engañes?, si es que puedo pedirlo. O al menos que no nos contemos las cosas. ¿Te gusta el Edwin? ¿O es una forma de vengarte? ¿O qué es?
-No. ¿Qué les pasa? No tengo que vengarme de nada pero me llamó la atención. Es guapo. Y pensándolo bien, creo que me aferré a esas miradas para saber que tengo algo mío.- Silencio . Miré al suelo un momento. Luego volví a los ojos de Frances.- Voy a decir esto una sola vez. Te quiero. No sé si llegaré a estar con vos. Pero te quiero, aquí y ahora. Gracias por preguntar. Y no, no me estoy vengando. Solo fue curiosidad. Pero si te molesta, todo queda ahí.
- ¡Cómo te quiero Dios! Gracias por poner a este hombre en mi camino. Juguemos.
Tomó su teléfono. Cinco minutos después el colombiano subía las escaleras. Yo me quedé medio descolocado pero todo estuvo bien. Tomamos. Fumamos. Nos drogamos. Y como si me conociera de siempre o como si llevásemos, mucho tiempo de relación, el gitano creó un ambiente de diálogo y coqueteo que me volvió loco. Todo pareció casual. Todo fluyó muy cómodamente.
Y Frances quiso que Edwin y yo usásemos su cuerpo. Y se fue al sofá con el invitado para que yo lo viera. Y mi yo voyerista se sintió en la luna. Y esa noche fue espectacular. El haberme dado la posibilidad de ver desde arriba toda la escena, fue un movimiento muy bueno de mi amante. Olvidé todo. Disfruté todo. Comprendí todo.
Pero conforme iban pasando los días. El verano llegaba a su término. Aquella casa ya no podría escondernos más. Nuestro nuevo juguete vivo dejaría de enajenarnos para evadir y… Y sobre todo Cassandra esperaba su promesa. Aquella mujer recibió millones excusas por un tiempo pero la vida debía seguir su curso.
Estar de vuelta en Antofagasta fue, digamos que, intenso. Volví a mi rutina. Al café donde trabajaba en las noches, al teatro donde me relizaba como actor, a impartir clases y siguiendo una muy buena recomendación de Joe, Frances se alejó un tiempo. Pero antes de dejarme aquel día, en la puerta del pasaje dónde se encontraba mi casa, aparcó en un parque, extrajo de su guantera un pequeño estuche de cuero y sacó dos anillos. Casi me pego en el techo. Él no hizo más que reír.
-Tranquilo, negrito sabrosón mío. Quiero que seamos algo más. No sé qué pero algo más.
-Me parece muy tierno pero es imprudente.
-Por favor. Acepta ser algo más y saldremos de esta. Yo me iré un tiempo para resolverlo todo sin embargo necesito saber que eres mi algo más.- Le vi tan sincero que no quise joder el momento y confiando en que sería pasajero todo acepté aquel anillo junto al hecho de ser algo más.- Te quiero.
Pasaron dos semanas, tres. Los mensajes siempre estuvieron. Yo comencé a desinflarme. Le agradecí a la vida que todo hubiese sido tan llano. Salí con Joe un par de veces. Edwin comenzó a aparecer en los bares o fiestas a los que íbamos. Comprendí aquellas palabras de Lautaro con respecto a Frances y las coincidencias y me pareció una bonita manera de cerrar lo que nunca se abrió del todo.
Mes y medio había transcurrido. Mi supuesto algo más solo mandaba emoticones. Yo me sentía en paz. El anillo había pasado del dedo a un cadena en el cuello y sobre todo porque Joe y Edwin lo elogiaban. Una tarde de sábado, o mejor una noche, los chicos me pasaron a buscar después de una función al teatro. Iríamos a los Jardines del Sur, a una White Party. Yo estaba dispuesto. Me sentía tranquilo. Joe y Edwin como que congeniaban y eso era bueno porque mi amigo ya no se escondía. Lo único que no me gustaba era la insinuación de un trío porque veía a Joe como un socio y me daba repelús pero en el fondo sabía que, con Edwin por medio y puesto hasta el infinito y más allá, cualquier cosa podría pasar.
Llegamos al sitio. La calle que daba acceso a la casa donde se armaba el jolgorio estaba casi llena de autos no obstante, eso no pareció preocupar a Joe que se abrió paso y llegó hasta la mismísima puerta donde alguien le esperaba para darle acceso al garaje. Habían pasado casi dos meses desde la última vez que estuve en aquella casa y por poco logro olvidar la puerta infinita, el cerco eléctrico, el garaje enorme, los farolitos afrancesados, y los colores fluctuando entre el blanco y el marrón roble. La casa de David en esta ocasión parecía un mar de espuma, ruidoso y diverso. Hombres, mujeres, travestis, esperpentos, qué se yo, todos vestidos de blanco. Se sentía raro volver. La idea de encontrarme con aquellos chicos a los cuales dejé para irme de caliente, de la mano de Frances, me ponía un poco incómodo, a la verdad, pero, cuando apareció Dany para recibirnos sus palabras: “ tranquilo, todo está bien “, me bajaron la ansiedad y desande al encuentro de los demás.
Estar frente a David no fue cómodo en ningún momento. Si bien me abrazó, me dio un apretón de manos muy cálido, no me sentí a gusto, o al menos no hasta que alguien le hizo una seña y él a su vez le hizo otra a Edwin, quien acto seguido me tomó de la mano pidiendo que le acompañase. Siempre he sido un hombre escéptico. Dudo de todo y no creo en lo que no veo. Así que cuando el colombiano me tomó de la mano mi primera reacción fue preguntar a dónde íbamos. Su silencio y la mirada cómplice a Joe fueron suficientes para entender que Frances estaba allí. Pero: ¿ cuál era el nivel de importancia y secretismo? ¿Acaso no podía aparecer y compartir como los demás? ¿Lo estaba buscando la policía?
-Soy el dealer de todos estos ricachones, y soy gitano, tengo que cuidarme.
-Y eres muy macho. No te pueden ver asociado a maricones.
Frances y yo conversábamos en una de las habitaciones. Por supuesto él no estaba vestido de blanco sino de negro. Yo había atravesado toda la fiesta convencido de su asistencia y muy frío para aquel encuentro. Creo que habían cambiado muchas cosas. Yo era diferente. Además con el paso de los días, sus emoticones básicos y mi comprensión de toda la historia se conjugación para que me percatara de que si Frances no había vuelto era porque su compromiso era un hecho.
-¿Por qué estás enojado, Beni? No entiendo.
-Yo tampoco a la verdad. No entiendo por qué me da rabia que aparezcas de la nada, que todo sea un secreto, y que tenga que estar aquí con ganas de abrazarte y de que me folles, a la verdad. No comprendo. Supongo que imaginé otra historia para nosotros pero bueno es lo que es.
-Benicio, sigo siendo yo, Frances. Él gitano del que te enamoraste y que sigue siendo tu algo más, ¿recuerdas?- Elevó su mano. En su dedo anular descansaba el anillo. Mi enojo impostado no me dejó ver.- Entiendo que te dejé solo. Comprendo que mis mensajes se hicieron más cortos pero tienes que entenderme mi vida. Necesitaba bajarle a la fiesta, enfocarme en los negocios. Tenía que idear una estrategia para estar contigo.
-¿Y cuánto tiempo nos deja esa estrategia?
-No sé. Y esa es la verdad. En algún momento aparecerá la idea del compromiso que no pedí pero bueno es todo lo que tengo para ofrecer.
Yo como el drama hecho persona que soy, estaba junto a la ventana otra vez mientras Frances sentado en el borde de la cama. Y volví a aquel día que supe de Cassandra y toda la tragedia que se edificaba. Le vi y mis partes se alteraron al punto de querer romper mi ropa. Me gustaron sus labios nuevamente. En realidad seguía queriéndolo mucho . Sus manos se me hicieron tan viriles que el deseo de que tirarán de mis cabellos se volvió en prioridad inmediata. Comencé a despojarme de la ropa. Prendí un cigarro y mirando el andar de la gente afuera le di mi espalda al hombre que me más había querido en mucho tiempo. No sé cuáles fueron sus movimientos ni como llegó a estar desnudo, solo sentí sus dedos hurgando entre mis calzoncillos, buscando el centro de mis nalgas, hasta que los sentí primero húmedos a ellos y luego a todo su miembro taladrando frases corridas y calores delirantes. Recuerdo que no dijimos nada, solo follamos, una y otra vez, acabamos una y otra vez. Nos habíamos encerrado entre aquellas cuatro paredes ajenas y el deseo de salir se había esfumado. Puedo decir sin temor a equivocarme que ese día Frances se convirtió en mi novio. Ese día el algo más recibió nombre y yo llevé el anillo orgulloso
a mi dedo.
Lo qué pasó después de aquella fiesta fue un cúmulo de meses que fueron del blanco al negro en una degradación que me tomó desprevenido.
Por casi dos años estuvimos Frances y yo juntos. Vivimos juntos en una casa en las afuera de la ciudad. Me enamoré, lo amé y caí en la fantasía y en la tragedia sin que me importasen sus viajes, sus salidas repentinas, sus momentos de euforia, sus días con ganas de tríos con Edwin o con el chico juguete habitual de Lautaro o esos deseos de probar con mujeres. Convengamos en que yo siempre me consideré un amante de lo masculino, convengamos en que tuve muchas novias y disfruté el follar con ellas, convengamos incluso en que después de años estando solo con hombres volví a acostarme con mujeres pero sobre todo convengamos en que Frances es más gay que la piña colada. De hecho la seguridad con respecto a eso, era lo que me llevaba a pensar en lo difícil que sería para él poder concretar una relación con Cassandra. Por ello, cuando quiso que nos acostáramos con mujeres, me sorprendió primero y luego pensé que quizás los tragos, la droga y la fiesta le habían llenado de ganas por probar. Pero nunca sospeché la realidad: Frances había formalizado su compromiso y aquellas orgías eran ensayos.
Me di cuenta porque uno de sus viajes duró más de lo que se suponía. Lo supe porque se volvió extremadamente masculino, pero de una masculinidad falsa, una hombría que notas que no cabe. Lo supe porque comenzó a evadir mi mirada cuando follábamos. Lo supe porque se volvió pasivo hasta la pared de enfrente cuando teníamos intimidad. Estuve seguro de su vida paralela el día que le metí mi rabo hasta la garganta y su grito de placer fue tan sobrecogedor que comenzó a llorar. Lloraba mientras se corría con mi miembro en su recto. Lloraba temblando. Me besaba mientras saboreábamos sus lágrimas. Me abrazaba como quien desea correr pero no puede porque la vida no le perdonaría jamás esa cobardía. Pero corrió. Me dijo: perdóname y echó a correr. Salió de la habitación llevando sus ropas como el amante que huye de morir a manos del esposo.
Y no lo volví a ver más.
Respondía a medias mis mensajes.
Yo no lo volví a llamar.
El orgullo me adornó.
Frances huyó.
Dejamos de hablar por completo tres días después de aquel evento. Pensé que iba a ser fácil al principio porque no sentí mucho dolor. Creí que de alguna manera estaba preparado para ese momento. Sin embargo cuando caí en la cuenta de que habíamos estado juntos casi dos años, que había hecho planes, que mi ropa seguía con su olor a pesar de haberla lavado mil veces, que cada canción llevada su susurro de la mano, cuando comprendí que Frances no volvería más, la existencia se me hizo cuadros y me derrumbé. Me encerré. Lo odié. Lo metí en el congelador, o sea su nombre en un papel. Quemé sus apellidos. Lo lloré. Lo grité. Lo escupí… Lo quise mío de nuevo. Lo quise en mi cama. Lo añoré desnudo en cuatro puntos pidiéndome más. Lo quise hurgando con sus dedos mojados entre mis calzoncillos. Lo quise. Lo soñé. Lo escribí. Pero nada de eso me lo trajo de vuelta. Así que caí en una espiral de fiestas, malos pasos, soledades, autoflagelación hasta que un día compré un boleto y me fui de Antofagasta ciudad a la que nunca más he vuelto.
CAPITULO 11
FRANCES VUELVE A MI VIDA: ¿FINALMENTE?
Yo acababa mi desayuno, un día después de mi encuentro con Frances en el mismo bloque del psiquiátrico. No habíamos hablado nada, en parte porque yo estaba esquivo. Cuando todos terminamos llegó la hora de salir a fumar. Me aparté del resto de compañeros cuanto pude para estar solo mientras lo veía encender un pucho. Y recordé que me encantaba la forma en que tomaba el cigarro entre los dedos y disfrutaba echar el humo al ambiente. Por eso al hacerlo me miró sonriente. ¡Cómo nos conocíamos aún!
-¿Hasta cuando vas a evitarme?.- Me tomó de sorpresa porque apoyado en uno de los árboles daba la espalda. Frances se paró ante mí seguro de sí mismo. Yo lo miré. Opté por sentarme en el suelo. Hizo lo mismo.- Nos vamos a ver todos los día ahora y tenemos que dirigirnos la palabra, como compañeros, al menos.
-¿Qué quieres Frances?- Los dos fumábamos. Yo lo disfrutaba más a él.
Se sentó a mi lado.
-Quiero aclarara la cosas contigo. Que hablemos. Todo fue muy rápido. Yo también tenía cosas que decir. Pedirte disculpas. Esta oportunidad por muy extraña que sea, creo que se presta para eso. Perdóname. ¡Quién iba a pensar que nos encontraríamos tanto tiempo después en un lugar como este! Para algo tiene que servir.
- Sí, para darnos cuenta que los dos estamos mal de la cabeza. Bueno hace años que lo estamos. -Pausa-. Si te soy sincero…, no quiero aclarar nada. Todo fue cristalino. Prometiste luchar por nuestro amor. Nuestro: óyelo bien, que esas fueron tu palabras. ¿Y?
-Beni,Pipo, no era fácil, no es fácil de donde vengo.
-No, si lo sé. Pero te faltó valor para al menos decirme en la cara que todo había terminado.
- Pero negrito…
-Por favor no me llames así y deja de tocarme. No sería conveniente que todos supieran que el gitano es maricón.
-Pero espera Benicio.- Me había puesto de pie. Me acompañó en el acto. Había mencionado mi nombre. Esto se pondría serio.-Jamás te obligué a nada. Sabíamos a lo que no enfrentábamos. El futuro era humo. Pero nos amábamos.- Está casi pegado a mi oído con sus dedos rozando los míos, y tocando mi mano.- Vivimos dos años preciosos, peligrosos, fiesteros. Éramos felices. Todo se complicó pero nos deseábamos. Y tienes razón fui un cobarde. Pero nuestro sexo era espectacular. No hubo un día en que yo no tuviera un orgasmo genial contigo. Quiero volver a intentarlo con vos. No he dejado de pensar en ti todo este tiempo. Eres el único hombre al que he amado, el único con el que he podido estar. Te lo juro.
-Primero no creo una palabra. Segundo suelta mi mano . Hay cosas de las que no te quieres acordar. Y tercero, por favor, todo no es sexo.
-Sí, mi amor, todo es about the sex, ya verás.
...
Otro día en el psiquiátrico. Los protagonistas de esta historia llevan una semana sin dirigirse la palabra. Yo creo que me fui en la bola de la rosa dolorosa. Al final Frances había sido sincero y en aquel momento yo sabía que el futuro era incierto. Creo que se me fue la mano. Si la vida me lo había puesto en el camino por algo era.
Durante esos siete días yo fui bajando la guardia pues me daba cuenta que esa postura de esposa o marido digno no valía mucho. Lo pasado es pasado y el futuro una edificación que no sabes si llegará a terminarse. Compartíamos en grupos separados. Intercambiábamos miradas y de vez en cuando alguna sonrisa. Frances sabía que yo estaba bajando la guardia. Me conocía tanto como mi madre. Cuando me pongo terco sin sentido hay que dejarme colgar los guantes.
Hasta hoy que se ha acercado mucho más. Me pregunta si podemos fumar juntos. Yo acepto. Estuvimos en silencio mucho tiempo hasta que comenzó a llorar. Quedé sobrecogido. No recordaba haber visto a Frances llorar con aquella pena. Le toqué el hombro. El llanto aumentó. Un llanto hueco colmado de sollozos. Me miró con los ojos rojos. Me dijo te quiero y se echó a mis brazos con tanta fuerza que hasta yo me emocioné. Aquí les va la historia que entre respiración y respiración me profesó.
Después de aquel día en que nos vimos por última vez, Frances decidió seguir las reglas de su mundo gitano, yo me vine a Santiago. Estaba dolido pero tenía que resignarme. Como les dije seguía su vida en las redes. Parecía feliz pero según lo que me cuenta no lo era. Continuó viendo a algunos hombres, buscando algo de lo lindo que llegamos a tener, pero jamás pudo hacer nada( según me dice).Reconozco que yo también creía en lo especial de nuestro vínculo. Su angustia después de haberme perdido, la presión de tener tres hijos a los que adora, junto a los pocos deseos que sentía por su esposa, lo condujeron a contar a su gente que le había gustado un hombre, que lo había llegado a amar y que lo había perdido. Y no sólo eso sino que estaba dispuesto a buscarlo. Como lo describe la reacción de todos fue ambigua. Algunos ya sabían , otros sospechaban, la mujer estaba convencida. Por eso le prohibió ver a sus hijos. Lo echaron de su comunidad y si bien Lautaro, hizo y deshizo, y hasta incluso renunció para irse juntos, Frances prefirió seguir solo.
Al principio sintió alivio por el bloque de angustias que se había quitado de encima pero amaba mucho a sus hijos. “Hay sacrificios, que llevan dolores consigo. Yo espero que mis hijos me entiendan alguna vez”. La expulsión fue efectiva e irrefutable. Así que decidió venir a Santiago a ver la forma de poder encontrarme.
Por las redes supo dónde estaba. En ese momento mi lugar de trabajo era Vinolia, 7n restaurante especializado en vinos. Yo estaba con un chico chileno. Y Frances me veía feliz en mis fotos. Así que se hizo a un lado. Decidió llevar su vida. Su vida de exiliado que lo condujo a las malas amistades, a los vicios, a los negocios ilegales, a la prostitución. Ahí nació su violencia asociada a la bipolaridad. Fue diagnosticado en este mismo psiquiátrico al que llegó pidiendo ayuda. Se la ofrecieron y cuando nos vimos llevaba dos meses internado.
Aún siento corrientes por Frances. Eso no ha cambiado. Yo tengo un lugar en el que podemos estar tranquilos. Me da miedo que ha pasado mucho tiempo. Pero estoy seguro que nunca me haría daño. Así que le tomé la mano. Le sequé las lágrimas. Ahora tocaba estar cerca. Ver de a poco qué ocurría y salir adelante.
A partir de ese día Frances y yo comenzamos una relación sin nombre. De alguna manera se sabía que debíamos terminar juntos pero no se decía. Nos tocábamos las manos. Reíamos juntos. Fumábamos juntos. Éramos los últimos en bañarnos para vernos los cuerpo desnudos que secábamos con morbo, Terminbamos exitados. Era rico pero necesitábamos follar. Estaba el aire caliente siempre alrededor de nuestra historia. Necesitábamos una segunda parte en la intimidad. Y él sin pedir permiso la aprovechó.
Yo tenía problemas con los medicamentos para dormir. Siempre sobre las cuatro de la mañana despertaba y me iba al baño solo, a escribir, hasta que nuevamente me entraba sueño. Añoro esos momentos en los que él me hacía compañía, escuchaba mis escritos y nos besábamos mucho, pero mucho. Hasta que un miércoles cualquiera terminé de leerle. Me puse de pie cerré la puerta y me desnudé. Nos encerramos en uno de los inodoros y nos chupamos el alma. Con su lengua descubrió hasta las imperfecciones de los orificios de mi nariz. Bajó y disfrutó de mi líquido preseminal mientras sus dedos hurgaban en mi culo seco, como me gusta. Saboreé su pene con unas ganas desesperadas. Me detuve en la cabeza como sabía que le gustaba y se retorció sujeto a las planchas que servían de pared en el baño mientras me pedía que no parase. Luego le dí vuelta. Mamé su culo como niño con su tetero. Se apartaba las nalgas. La yema de mis dedos golpeaban el centro de su culo. Frances pedía más. De súbito me cogió del cuello. Mordió mis labios. Echó poca saliva a su pene. Taladró mi ano con una fuerza deliciosa. Me hubiera pasado la noche entera aguantándolo. Para sumar a lo maravilloso aguantábamos los gritos, cuídábamos de no hacer ruido. Disfrutábamos más. Justo antes de venirse sacó su pene y chorreó mis nalgas mucho, y se sentó en el inodoro para que por medio de mi masturbción depositara mi leche en su pecho. Luego nos abrazamos pegajosos, sudando, satisfechos.
A partir de esa noche. Cada vez que lográbamos burlar la vigilancia de la madrugada íbamos a follar al baño. Siempre yo escribía, le leía y me follaba como antes o mejor. Estábamos enamorados.
Hoy casi tres semanas después de pedir el alta voluntaria vivimos en el centro, en el piso 14 de un edificio hermoso. Él busca trabajo, yo estoy con el seguro de cesantía pero de a poco aparecen oportunidades. Estamos conectados. Dormimos bien. No abrazados porque no me gusta, je je je. Pero follamos hasta en el balcón. Me sé de memoria las irregularidades de su culo que me encanta mamar y él a rememorado el interior de mi ano. Ya está cómodo.
Y sí, todo tiene que ver con el sexo . Al menos en esencia.
FIN.
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