HISTORIAS CORTAS. FORMAS DESORDENADAS
A los que como yo sufren de poblemas mentales.
La vida es muy hermosa. Las personas son hermosas. Yo soy hermoso. Pero a veces la oscuridad de un miedo silencioso te abraza y de repente no quieres existir.
Cuidemos lo que vale dentro de nosotros. No perdamos la esperanza de seguir existiendo aunque hablen de nuestra sonrisa, de nuestros dientes, o de nuestros cuerpos. Todo el que diga o maldiga nuestras existencias seguro que adolece de lo que nos sobra: belleza.
NIÑO DESIERTO
Al niño que fui…
Acercó la punta del cuchillo. Penetró. Cortó. Resistió el dolor como un hombre, como su propio padre, como madre de su madre. Metió sus muñecas de cera entre la arena del desierto y entregó su cuerpo al sol.
No se supo de Él. Nadie lo buscó. Nadie lo echó en falta. Siempre lo supo. Por eso huyó. Por eso amorró su vida. Porque no habían padres que le indicaran el norte del norte.
Se fue cual polvo del camino, sin decirle a nadie, pero enamorado se esa tierra que ahora le servía de tumba.
DOS: TE AMO
Cuando el mar te abraza en las noches te veo desde mi ventana.
Te amo en el silencio de lo desconocido. Y no sé cómo admirarte si no es tras la sinuosidad de mi cortina. Eres el escondite de este invierno y a las doce de cada noche, estoy con palomitas, un té y mis genitales ardiendo como antorcha en un pasadizo templario. ¿Es que acaso no sabes que templar tus alas es mi sueño más recurrente? Por supuesto, no sabes. De saberlo a lo mejor me mirarías en la esquina cuando bajas a comprar el pan. Te diría: Me llamo Francisco. Y vos: Mi nombre es Ignacio Sánchez Mejías. Si es que es tu verdadero nombre. Para mí eres Ignacio Sánchez Mejías. Tu silueta peinada por el resplandor de los astros y tu andar entre olas me dicen que no hay otro nombre para tu cuerpo desnudo que no sea ese: Ignacio.
Ahora, como nunca, te veo pisotear el pavimento a las cinco de la tarde. El mundo se detiene a tus pies. Todos deben ocultar sus maneras para verte andar seguro. ¿Es que no te das cuenta? ¿O es que lo sabes y te gusta jugar al desentendido? No puedo dejar de reírme. Agito mis pasos para disfrutar de ese momento en que buscas el mar. Deseo ver como a la luz del sol las olas te hacen el amor y llego a la casa de Federico, el español del pueblo, en lo más alto de la quebrada. Me escondo tras una de las paredes frías, descascaradas y con olor a salitre, para mordisquear mi labio inferior con quietud.
Y sin importar los otros vas dejando tus ropas de lino sobre la arena. Sin que valga la pena volverse por cuidado, te desnudas Ignacio Sánchez Mejías, te haces macramé de vientos y te elevas ante mis ansias de besar tus caderas, tus brazos, los dedos de esas manos delicadas de escritor en ciernes. Ven conmigo al escondite que cincelan mis palabras. Ven al susurro de los cantos que guardo bajo mi almohada. Descubre que soy lo suficientemente bueno para ti. Ven.
Te volteas. Buscas sobre tu hombro brillante. Me ves. Estoy seguro de que me estás viendo. Sonríes con esa gracia de puto virginal y se me encogen las bolas. Imposible aguantar el poseerte. Ay, mariposita de primavera. Ay, angelote caído. Ay, dentadura de nácar.
Cuando mis manos buscan el centro de mi cuerpo para ocultar esa erección inevitable, tu mano busca los cabellos que se aglomeran en la frente y te tornas un poco para que esa tetilla alzada lleve mi lengua a buscar el aire.
Hola, articulan esos labios míos, esos labios míos con sabor a madrugada lejana. El susto tira de mi espalda. Me escondo. Me adhiero a la pared.¿Me has notado?¿Acaso sabes que existo? ¿Pero cómo? Recuerdo el bulto entre mis pantalones y con mis manos sobre él comienzo mi retirada, confundido, malhumorado, deseante. Stop. Sigues ahí, ¿y yo me voy? Vuelvo. La pared salobre siente el calor de mi aliento.
Cual detective voy recorriendo de apoco el muro. Mis ojos. La lengua, los labios. Y ahí estás tú: mi nacho, mi nachito. De carne y hueso llegando al encuentro aniñado de las escondidas, justo cuando suena en los parlantes de la playa: Jack Garratt - Surprise Yourself , como para echarme en cara que he visto demasiado la película de Emilia Clarck.
Y sin comprender un ápice de nada me tomas de la camisa rosada que no le gusta a mi amiga, y tu cuerpo desnudo afinca al mío allí, ante la mirada del día. Y me besas mientras no sé qué mierda hacer. Y pintas con una de tus manos un recorrido hacia lo endurecido. Y me agotas Ignacio Sánchez Mejías. Y me agotas. Y me dejas ardiendo ante la confusión de besarte sin cesar. Y te agarro fuerte, y te doy vuelta, y ahora soy yo el que te afinca, y vuelvo, y te miro, y no me dejas mirarte porque parece que te gustan demasiado mis labios. Y me abrazas por el cuello. Y tus cabellos, por dios, tus cabellos huelen tan bien. Y tus manos se sienten tan tibias en este invierno.
No sé en qué momento me quedo sin ropas pero se siente tan rico que el viento nos golpee, a los dos. Y el último beso antes de la corrida sabe a triunfo. Un escaso minuto para vernos. Preguntas como mariposas en mi conciencia estructurada y tu dedo que va a mi boca. Vomito una mordida. Suspiro un beso de tu boca con el pétalo que es tu pequeña extremidad aún dentro. Es fascinante tenerte.
Tomas mi mano y tiras. Corro a tu lado. Danzamos quebrada abajo. Me siento tuyo. Me siento del tiempo. El mar se ve delirante. La arena se siente amorosa. Tus manos son una golosina.
Ya frente al mar me haces rodearte.
Acaloramos nuestras ganas. Me buscas por sobre tu hombro. Alejas ese cabello rebelde y me repites: Hola. ¡Qué voz por dios! Me muero. Qué serenidad, qué virilidad, qué coqueteo entre mueca y mueca de una sola y pequeña frase. Te como a besos y me dejas. Te abrazo. Recorro la espalda baja sin prisa aparente aunque me muero de ganas de penetrarte allí a la vista del mundo. Juro que no me percato de quién nos mira. Sólo sé que busco con mis dedos tus nalgas. Te dejas. De hecho muy suavemente abres la pierna para que una de mis manos busque el interior de esas hermosas montañas que penden de tu cuerpo. Panes de azúcar perfectos, redondos, míos aunque sea hoy. Descansa mi mano en el calor de la redondez de tu trasero. Quiero el olor de ese recóndito lugar pegado a mis uñas. Por eso las huelo. Y vuelvo allí. Y vuelvo a oler las uñas. Y te ríes como un diablillo. Y el tema de Jack Garratt, parece no terminar nunca.
Besas mi cuello.
Besas mi boca.
Besas mis tetillas energizadas. El viento corre a nuestro encuentro. Te amo. Creo que te amo. Creo no, estoy seguro de que te amo.
Lo sé. Me dices entre dientes. Yo también te amo. Yo también te amo. Se juntan nuestras frentes. Mis lágrimas se agolpan y no dejas que caigan porque con los labios acaricias mis ojos.
Y brazados nos vamos al mar.
Y brazados hacemos el amor entre las olas.
Y entre estas olas gritas del placer que produce la escritura que dejo. Te amo, SEÑOR MÍO, Te amo. Dijimos al unísono y nos hicimos al mar para siempre.
DESDE DE LA CAMA
Jhonatan se ha cortado las venas esta noche y eso me duele tanto que casi vomito a Luisito cuando me lo dijo.
Llegó el otro día de Francia con sus padres y ahora se corta las arterias. No entiendo. Ayer me saludó animoso. Tocó mi mano como la última vez antes de partir. Hasta me fijé en su muñeca. Tan linda muñeca. Parece que al visitar otro país las manos (con muñeca incluida, por supuesto) se tornan especiales, frágiles y hasta agita las ganas de comer en ellas.
¿Por qué Jhonatan quiso deshacerse de sus muñecas si me parecieron tan bellas?. Las muñecas, las venas de Jonatan. La sangre de mi amigo aún colorea los mosaicos de su portal. Busqué su olor y tengo su sabor prendido a mi garganta. Garganta seca, garganta maldita que abre su vida a las sensaciones de algo que deseo olvidar. Siento su calor y recuerdo la confesión de Luis. Me parece como si hubiese estado en aquel momento.
Venir de Francia a cortarse las venas. Hay cosas tan inexplicables. Pobre Jhonatan, seguro que le dolieron los cortes. Mami ha tratado de hacerme entender pero no logro hallar una luz para mi confusión. Escuché que le decía a papá que además de las venas cortadas llevaba los pantalones en las rodillas. ¿Qué habrán querido decir?. Ahora no me sobran fuerzas para aguantar las lágrimas. Desde la cama observo la foto en que estamos los tres: Luisito, Jhonatan y yo. Estoy muy triste. Me da mucha rabia no entender a mis 8 años tantas cosas.
LA ABUELA, LAS CARTAS, UNA CIUDAD Y UN NIETO
Las Cartas de amor que te escribí en la Costanera, se echaron a perder con la lluvia. Rescaté algunas y las coloqué al sol pero se extinguieron en un adiós inadvertido. Mi memoria está cansada y las fogosidades de antaño se han convertido en una ligera ventisca. Debido a ello recorro Antofagasta de Coloso a La Portada para encontrarte en cada resquicio de una ciudad que sabe a amor.
Esto dejó escrito Lucía en un muro de la Avenida Angamos. Quince años después de su partida, yo, su nieto, lo inmortalizaría igualmente por amor.
SOLO PALABRAS. NADA MÁS QUE PALABRAS
Mira que trato de decir y no lo logro. Mira que intento aclarar las ideas, sin embargo las palabras se me hacen cursi o comprendo al fin que no nací para la escritura. Disculpa, solo digo tonterías y más si la noche no trae el perfume de cada salida. Divago, huyo de mí mismo. Pienso en esa madre que espera la alegría de un crítico o director o actor y sonrío porque soy todo lo que ella desea y un poco de lo que quieren los otros. Soy tantas cosas, y confundo los sentimientos. Soy la paranoia y soy la lágrima. Soy la paz del amigo, la mujer de las ciruelas, el amante de las almendras; soy la vocal de un niño, de ese niño que anhelo hermano pequeñito y que no llegará jamás, de ese chicuelo que quisiera traer al mundo o al menos que sea mío y llamarle Tiziano, Goya, Sebastíán, Diego o Federico. Soy mi madre cuando no está conmigo y desearía ser yo en las tardes oscuras en que el sol alumbra y los que amo me abandonan.
La luna se torna gris y ya debo correr a las fauces de un sueño que no quiero. La noche se hace un tin más lóbrega, me duele la cabeza, desespero y quiero decir hasta luego, pero sigo aquí.
Te quiero y me quedo corto – me dijo un pretendiente hace apenas un rato –. Reí y supe que el querer no moría aún. Ahora el dolor me llega de la mano de una canción que no puedo tararear. Me encantaría que la saborearas pero no va a ser posible. De cualquier manera te recuerdo.
Salgo de mí. Viajo al más allá donde todo es permisible y los besos son cerúleos. Allí el diablo no se viste de nada. Allí soy de lo que me gusta y mis personas amadas lloran de la alegría de tenernos. Gracias por la espera, por los días sin dormir, por las palabras de peras, por la nostalgia, por la caricia, por la despedida y por la futura bienvenida, por las jornadas de trabajo y por el trabajo. Gracias porque eres tú el ángel y NO otro.
Tuyo. A
Cristóbal lloró después de leer. Imaginó al amigo llevando la carta al buzón. Sus labios se hicieron a las letras y llevó el nuevo olor a su paladar. Saboreó y supo del otro. Quiso la mano, un abrazo, un beso, una gota de su ojo.
Intentó gritar.
Hoy toma el tren y sonríe. Hoy se despeja el rostro. El cabello ensortijado le cae sobre los hombros. Hoy se aferra al recuerdo de su amigo. Hoy lo piensa y sonríe. ¿Lo habrán aceptado en el cielo o fue directamente al infierno? Sin pensarlo suelta una carcajadas.
Me encanta. Sabes que soy tu fan no1
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